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Informática y A/V

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Lo que conocemos por "convergencia digital" está revolucionando la manera en cómo utilizar las fuentes de audio y vídeo.

Texto: Román Aix

Nosotros lo conocemos por “convergencia digital”, y sí es verdad que quizá lo de “digital” es algo gratuito, pero no casual. Si hace unos años la separación entre el ordenador personal y el equipo de salón era descomunal, ahora muchos encuentran tremendas similitudes entre un PC y las fuentes (e incluso entre procesadores de audio y vídeo), hasta tal punto que hay aficionados que utilizan los llamados HTPC: Home Theater Personal Computer, u ordenador personal para cine en casa. Pero éste no es el caso de las siguientes páginas.

El objetivo es menos ambicioso pero más práctico. En la llamada “convergencia digital” (o informática, si lo desean) no sólo entra el PC y el lector de DVD-Video, sino también las cámaras de fotografía digital o los reproductores de audio portátiles. La idea es, con una inversión mínima, poder tener conectadas las fuentes de nuestro hogar con los diferentes visualizadores, y sacar partido de la estandarización de formatos. En realidad, los fabricantes hace tiempo que han visto “negocio” en ello, y comercializan sencillos dispositivos (otros más complejos) que logran este objetivo sin necesidad de grandes conocimientos en ingeniería de telecomunicaciones. Uno de nuestros mejores aliados, hoy por hoy, es la tecnología WiFi, capaz de conectar dos o más aparatos a 54 Mbps sin necesidad de cables.

Philips es una de las compañías internacionales que más parece apostar por esta integración informática y audiovisual (sin llegar, ni apenas rozar, el concepto de HTPC). En esta misma revista hemos analizado el SL400i, un receptor Wifi y Ethernet (es decir, inalámbrico y vía cable) de contenidos A/V procedentes de un ordenador personal. Tiene otros dispositivos, que varían en función de la complejidad y prestaciones (y evidentemente, precio), pero el objetivo es “la casa conectada”, en palabras textuales de la holandesa.

La verdad es que es de las pocas que no sólo apuesta por ello, sino que ofrece soluciones “todo en uno”, como ha demostrado recientemente al presentar un ordenador personal, de estilizado diseño, pensado para ser adquirido por esos que ya tienen un equipo de sonido e imagen en su salón y quieren compartir contenidos pero no tienen ordenador.

Otras marcas como Kenwood incluyen puertos Ethernet en sus receptores de A/V o lectores de DVD-Video para permitir esta interactividad; mientras que marcas como Hauppauge ofrecen soluciones tipo enlace tremendamente económicas, aunque la mayoría son vía cable.

Después de la “euforia” de tener conectados el PC con el equipo A/V, uno se da cuenta de su utilidad: archivo controlado. El ordenador se convierte en un servidor de medios, donde podremos agrupar, gestionar, ordenar y ofrecer los archivos “informáticos” por excelencia: audio y fotografía. El ejemplo más claro son las fotografías digitales. Si las adaptamos para su impresión en papel, una foto de 10x15 cm a buena resolución ocupa varios Mb; pero si lo hacemos para su visualización en pantalla (sea LCD, PDP o incluso TRC), su tamaño decrece a apenas varios centenas de kb. Los álbumes de foto crecen día a día, y quizá los ordenamos, no por fecha de captura, sino por tipo: fotos del hijo pequeño, hechas en la montaña, en la casa de la playa, las de vacaciones, etc. Esto hace que utilizar soportes ópticos como los CD-Audio sea complejo, además de favorecer la gandulería de ir a por el disco, encontrar exactamente el que buscábamos, colocarlo en la bandeja del lector, etc. En cambio, si lo tenemos todo en el ordenador (hay discos duros de hasta 400 Gb, el equivalente a 50 discos DVD-Video de doble capa, capaces de sumar millares de fotografías de calidad), al toque de un botón tendremos en el salón todas las fotos agrupadas en directorios y en modo dinámico: cada nueva adición es una excusa para ver el resto de fotos. Las limitaciones, en realidad, las pone cada uno.



Las partes necesarias



Independientemente del tipo de enlace elegido (inalámbrico o no), son tres las partes necesarias para este tipo de instalación: software, enlace y receptor. Entendemos, claro está, que disponemos de un ordenador personal actual y un equipo de A/V (aunque en este caso apenas hace falta un visualizador).

El software es un programa especial que instalado en el PC se encarga de “encontrar” los archivos compatibles (en función del tipo de programa y receptor, la lista de formatos es más o menos larga, incluyendo fácilmente archivos de vídeo comprimido), mantener de una forma más o menos dinámica las “listas de reproducción” (podremos elegir si compartimos o no ese archivo, dónde lo ubicamos, en qué carpeta, etc.) y, de manera invisible al usuario, actúa como servidor a petición del receptor.

El receptor es una unidad física más o menos discreta (por ejemplo, se analizó en el número anterior un pequeño aparato de Hauppauge, o varios meses atrás el ya mencionado SL400i de Philips, cuyo aspecto recuerda a un lector de DVD-Video) es el dispositivo encargado de convertir esos “datos informáticos” en “señales audiovisuales”. Suelen disfrutar de salidas SCART para vídeo y audio analógico estéreo por RCA y digital vía S/PDIF, para convertirse de manera práctica en un lector.

El punto débil o más complicado es el sistema de transmisión elegido. En primera instancia existen dos métodos: con o sin cable.

El primero es el más rápido de instalar, gracias a su fácil configuración; pero complica su existencia ante la necesidad de tener que cablear, textual y físicamente, el PC (o LAN, si se dispone de varios ordenadores) al receptor. Reconociendo que casi nadie coloca su PC en el salón-comedor, sino en una habitación dedicada, es fácil que el tener que pasar el cable se convierta en un engorro.

Uno de los avances que más está popularizando este tipo de instalaciones es la tecnología inalámbrica, actualmente mediante el WiFi. A grandes rasgos se trata de un enlace entre dispositivos electrónicos vía radio, es decir, sin cables. Se hace necesario el concurso de más equipos y la configuración, aunque no lo parezca, es algo más complicada que el tradicional cable multifilar con conector RJ-45. Si nos cargamos de paciencia y ganas, se puede conseguir.

Hay dos formas de conectar (ya sea con o sin cable) un PC con un receptor: punto a punto o a través de un punto de acceso. La primera opción se presenta cuando sólo se tiene un PC; mientras que la segunda es común cuando hay más ordenadores (o mayor número de dispositivos en red para conectar entre ellos). En este caso se hace imprescindible utilizar un conmutador. Como también se han popularizado las conexiones ADSL, muchos usuarios han optado por los módems que incluyen en el mismo aparato ese conmutador.

Una ventaja importante en el mundo informático es que la mayoría de estándares adoptados y aceptados suelen ser compatibles entre ellos. Esto me sirve para explicar que cuando nos agenciamos, por ejemplo, un receptor de A/V convencional que disponga de una entrada RJ-45 (lo que indicaría la necesidad de utilizar una red por cable), es fácil encontrar en el mercado “adaptadores” RJ-45 a WiFi (es decir, mantienen la conexión sin la necesidad del cable). Los más atrevidos sabrán conjugar la red tradicional con la WiFi, sobre todo por que ésta última tiene una tasa de transferencia de 54 Mbps, cuando la red por cable tradicional llega a los 100 e incluso hasta los 1.000 Mbps. Tampoco nos decepcionemos, pues si una imagen JPEG tiene un tamaño de 0,5 Mb (más que suficiente para mantener la calidad en nuestro visualizador), tardará apenas un cuarto de segundo en ir del PC al televisor utilizando una red WiFi.



EL MANUAL, MI MEJOR AMIGO



Cada aparato tienes sus configuraciones y procedimientos, aunque en la mayoría de los casos la idea es la misma. Todos los equipos probados en esta revista (a excepción del Hauppauge, que era “demasiado” básico), vienen con excelentes manuales de usuario que hacen de esta instalación aparentemente complicada, un juego de niños. El principal problema es que tendremos que lidiar con tres manuales distintos: el software, el enlace y el receptor. El consejo más útil que se os puede dar en este punto es que os tenéis que armar de paciencia, pero que una vez configurado el sistema tiene que funcionar a la perfección durante largo tiempo.

En cambio, el uso de una red WiFi, aunque no debería parecerlo, implica un nuevo dato: compatibilidad. Aunque no debería ser así, es posible que un receptor no se “entienda” con un punto de acceso WiFi, como nos ocurrió cuando analizamos el SL400i de Philips e intentamos asociarlo a un Linksys WAG54G, aunque la última actualización liberada por Philips a principios de este 2005 arregla un poco las cosas.

SONOS, LA APLICACIÓN MÁS VERSÁTIL EN AUDIO

Navegando por la red de redes descubrimos Sonos. Éste es un sistema basado en el concepto que explicamos en estas páginas, pero bajo una solución todo en uno. Se trata de un mando a distancia realmente “universal” y una caja que actúa como receptor WiFi y amplificador estéreo. Se pueden adquirir tantos módulos de estos últimos como habitaciones con audio queramos, y con un único mando a distancia controlar qué música queremos reproducir y en qué estancias (ya sea el mismo tema en todas, o diferentes temas en diferentes estancias).

Cada caja se conecta al resto de unidades (si se dispone de varias) y al ordenador personal (de donde consigue los contenidos musicales, previa instalación de un programa), ya sea gracias a sus dos antenas integradas vía WiFi o mediante alguno de sus cuatro puertos RJ-45 para una red alámbrica (evidentemente, permite el uso híbrido, por ejemplo, del PC a una caja por cable y de la caja al resto de unidades distribuidas por nuestro hogar vía WiFi).

 

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