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Entender la sinergia
La difícil unión de los medios. Entiende qué significa "sinergia" y cómo su significado parece mal interpretarse muchas veces. Texto: Alberto Gilabert Según la RAE (Real Academia Española), sinergia significa “acción de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales”, y también “concurso activo y concertado de varios órganos para realizar una función”. En nuestra afición la utilizamos para definir la correcta correspondencia entre dos componentes desde un punto de vista electrónico. Dicho de otra manera, el maridaje entre dos o más unidades cuyo resultado es el deseado. Haciendo caso de lo que la RAE dice, es muy difícil que desde un punto de vista electrónico dos dispositivos consigan “sinergia”. Simplemente porque esto quisiera decir, por ejemplo, que la suma de dos señales continuas de 1 V cada una dé como resultado 2,3 V. Esto es imposible. El objetivo de un equipo de A/V o audio doméstico es reproducir de la manera más acertada posible un sonido real, o a lo sumo, respetar al máximo el original. Para ello utilizamos varios componentes electrónicos, que siempre colocaremos en un espacio determinado que, a su vez, interactúan con varios elementos físicos. Es decir, compramos diferentes aparatos, los instalamos en nuestro salón (donde hay cortinas, paredes, volumen, aire, sofás, etc.), los interconectamos y disfrutamos de la música, a veces contentos, a veces tristes. El resultado final (siempre desde un punto de vista subjetivo) depende de tantos factores que es impredecible. Justamente cuando nos decidimos a comprar el equipo, aparece tarde o temprano esta palabra: sinergia. Nos la presentan para introducir, normalmente, un amplificador o unas cajas que “tienen más sinergia” con el lector o el receptor elegido. ¿Tanta diferencia hay entre una etapa que entregue 100 W a otra? ¿No será que las diferencias audibles se deben puramente a aspectos subjetivos? Si volvemos a nuestro ejemplo anterior, y recordando que es imposible que la suma de dos señales de 1 V ofrezca como resultado algo superior a 2 V, me pregunto: ¿no será que es tan habitual encontrarnos que esa suma nunca llega a 2 V como para que cuando esto sucede exageremos el resultado? Más bien es así. En la vida cotidiana existen numerosos ejemplos de sinergia. Ford descubrió que la cadena de montaje le permitiría obtener mejores resultados (más rápidos y más económicos) que fabricando coche a coche de manera artesanal. Esto es un ejemplo de sinergia. ¿No será que utilizamos “sinergia” en su segunda acepción? Ésta es: “concurso activo y concertado de varios órganos para realizar una función”. Evidentemente, es necesario un lector, un receptor y unas cajas para que suene “algo”. La función es “reproducir sonido”, y el concurso de todos los elementos es imperativo. No vale cambiar un receptor por un lector o las cajas por un friegaplatos; así no se consigue la función. Desde este punto de vista el uso de la palabra “sinergia” sí resulta adecuado, pero es tan evidente que nos es necesario cierto equipo para conseguir el objetivo, como que son necesarios cuatro neumáticos para que un coche funcione correctamente. Y todavía está por llegar el día en que en un concesionario el comercial me hable de la “sinergia” entre Bridgestone y el coche en cuestión. COHERENCIA TÉCNICA El uso incorrecto de la palabra sinergia, sin duda, responde a los diferentes resultados que se obtienen con dos productos (simplifiquemos) cuando no hay una correspondencia técnica. De hecho, cuando encontramos una combinación buena, no es que haya sinergia, sino que la unión electrónica es la más adecuada. No hay sinergia porque ambos aparatos realizan la función que les corresponde, y el resultado es justamente el deseado, no más. Hablar de cada una de las especificaciones técnicas, que dos aparatos deben compartir para que el resultado sea el más adecuado, nos llevaría mucho más que las páginas de este número, y de hecho hemos hablado ya de ello en diferentes ediciones (y más datos que vendrán en sucesivos meses). Pero hay aspectos generales que todo usuario debe tener en cuenta, respetar y acatar. ¿Por qué? ¿Para tener esa “pseudo-sinergia” que demanda el resultado? De la misma manera que no calzaríamos un coche con ruedas cuadradas, hay aspectos en nuestra afición que, aunque parezcan inverosímiles, permiten explotar eficientemente la inversión realizada. Porque, de hecho, se trata de eso: convergencia electrónica. ¿Verdad que nadie conectaría unas cajas de 2 ohmios de impedancia en un amplificador que sólo aceptara cargas de 8 ohmios? Si lo hiciéramos, malversaríamos la inversión, ya que no podríamos utilizar el 100 % de las prestaciones del amplificador en aras de no quemar sus circuitos. “No hay sinergia”. Ésta sería la frase que a todos nos vendría a la cabeza ante tal situación, cuando en realidad debería ser: “no existe coherencia técnica”. EL MÉTODO FÁCIL Hay marcas, como Denon, Yamaha, Pioneer, Sony, etc., que en su catálogo disponen de receptores, amplificadores, lectores e incluso cajas. Se sobreentiende que cada vez que presentan un lector, éste puede asociarse a casi cualquier receptor de la marca sin que por ello existan problemas de índole técnico. De hecho, en productos de gamas baja y media no suelen existir este tipo de problemas, a excepción de las cajas acústicas, más aún cuando elegimos cajas de tipo columna, donde la exigencia técnica es siempre superior. En productos de alta gama todo empieza a complicarse algo más, ya que a precios más altos, prestaciones más exigentes y “coherencias técnicas” menos versátiles. El mal uso de la palabra “sinergia” cobra vida, paralelamente a las notables diferencias entre dos aparatos aparentemente idénticos. Hay momentos en que la mejor coherencia técnica sólo es posible uniendo ese lector únicamente con ese previo, o amplificador, o receptor de A/V. ¿Dónde se consigue la información necesaria para saber encontrar la mejor coherencia técnica, lo que algunos llaman incorrectamente “sinergia”? Hay dos maneras de hacerlo: manual de usuario (con su correspondiente ficha técnica) y mediante la asesoría oportuna (normalmente, personal especializado). A lo largo de diferentes artículos publicados en esta revista (y otros que aparecerán en próximos números) intentamos añadir una tercera vía: la formación. La electrónica no es más que un cúmulo de valores matemáticos que cobran sentido en ambientes controlados. Incluso la acústica (la ciencia más complicada a la que nuestra afición debe recurrir) nunca roza el campo de la subjetividad. Tenemos que asegurarnos de que todos los componentes electrónicos quedarán conectados entre sí de la mejor manera posible: lectores con salida digital conectados al receptor o previo mediante el cable más adecuado; cajas acústicas de cierta impedancia asociadas al amplificador capaz de lidiar con esa impedancia y que entregue el amperaje que la caja demanda; salidas de vídeo de la mayor calidad posible conectadas al visualizador en la entrada correspondiente, etc. Y, ¿de qué sirve todo esto? Para obtener la mejor relación precio/resultado. ¿Sería lógico adquirir un deportivo biplaza como coche único en una familia de tres miembros? Matemáticamente, la familia podría trasladarse tranquilamente del punto de origen al de destino (de su casa de Madrid al apartamento en Valencia), eso sí, a costa de realizar tres viajes. Si el objetivo de este vehículo es éste, lo mejor es adquirir, como mínimo, uno de tres plazas y con suficiente espacio para colocar el equipaje correspondiente. El gasto adicional en gasolina, por ejemplo, tira por tierra cualquier relación posible calidad/precio. Lo mismo en el mundo de la electrónica: adquirir una etapa de potencia de 30 W para unas cajas cuya sensibilidad es baja (79 dB) para un salón de 35 m2 puede ser “incorrecto”. Ahora bien, no por elegir la mejor combinación electrónica tendremos un equipo que ofrece más de lo que sus componentes por sí solos consiguen; más bien conseguiremos un equipo que ofrece justamente lo que hemos pagado por él, sin mermar ni una sola de las prestaciones que el conjunto pueda ofrecer. Y con ello, entendemos que el significado real de “sinergia” en nuestra afición es justamente buscar el mejor compendio entre la interrelación de dispositivos, equilibrando la balanza sin que la calidad del conjunto esté muy por debajo de la máxima posible. |
NO TODO ES TAN COMPLICADO Si en el número pasado criticábamos el mal uso del significado de Golden Ear, ahora el turno pasa por la palabra “sinergia”. Parte del problema de esta afición es que cuesta mucho “justificar” con palabras el porqué de los resultados, y es fácil caer en la tentación de decir cosas como “es la sinergia”. Otra cosa es que nos dé pereza buscar la razón principal.
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