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El canal central: ¿tan necesario?

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Repaso a la necesidad del canal central y discusión sobre la necesidad del mismo.

Texto: Ramon Sendra

Siempre hemos dado por hecho que en nuestra instalación multicanal el canal central juega un papel importante y definitivo, al igual que nadie pensaría disfrutar del buen sonido multicanal de una película sin el espectacular protagonismo del subwoofer. Pero es cuando nos preguntamos el porqué instalamos el canal central en nuestro sistema y realizar algunas pruebas cuando no lo tenemos tan claro.

En las siguientes páginas analizaremos el porqué del canal central y su protagonismo en un sistema doméstico. Veremos que no es tan necesario como imaginábamos, pero no así en según qué situaciones. La verdad es que el mercado casi “obliga” a disponer de uno y muy pocas veces nos hemos planteado prescindir de él. De hecho, cuando hemos preguntado a aficionados su opinión al respecto, la mayoría ni se plantea discutirlo: es un hecho que no debería generar discusión. Pero la genera.

El objetivo de estas páginas no es más que provocar inquietud entre nuestros lectores e incitar a las pruebas para que cada uno saque sus propias conclusiones.

Las palabras “cine en casa” lo dicen casi todo: emular la sensación audiovisual de un cine comercial en nuestro hogar. De hecho, “copiamos” la instalación de audio e imagen de un cine no sin antes adaptarlo a las limitaciones propias de un salón doméstico (la más básica: el volumen).

Pero, ¿cuándo apareció la necesidad de un canal central en un sistema audiovisual envolvente? Cuando el cine se volvió sonoro no lo hizo ni en envolvente ni apenas en estéreo. Poco a poco, y por necesidades comerciales (debía competir contra la omnipresente televisión) el cine ha acabado siendo lo que conocemos hoy en día. Alguien se planteó cuántos canales de audio independientes eran necesarios para generar sensación sonora tridimensional, y el resultado fueron 4. De hecho, todavía en el mundo de los vinilos y, por lo tanto, bajo lo musical, ya existía este concepto con la quadraphonia: la reproducción musical a través de cuatro canales (y estamos hablando de principios de los setenta). Los primeros “pinitos” del cine fueron también en esta dirección, pero existía un problema psico-acústico que debía solucionarse.



EL EFECTO HAAS



También conocido como el efecto de prioridad, describe el fenómeno psico-acústico humano que le permite identificar correctamente la dirección de una fuente sonora escuchada en ambos oídos, pero a intervalos de tiempo diferentes. Debido a la geometría de nuestra cabeza, el sonido directo generado por cualquier fuente es recibido primero por el oído más cercano, y luego por el más alejado. El efecto Haas nos indica que los humanos localizamos la fuente sonora basándonos en el sonido que nos llega primero, siempre y cuando los siguientes sonidos nos lleguen dentro de los primeros 25-35 ms. Si estos sonidos reflejados llegan más tarde de estos 25-35 ms, entonces detectaremos dos fuentes distintas. El efecto Haas es real incluso cuando la segunda llegada tiene un nivel de presión sonora inferior a la primera (incluso por debajo de los

10 dB). Un sonido que llega a la vez en ambos oídos indica que la fuente está justo delante de nosotros, por detrás o en nuestra cabeza. A grandes rasgos, el efecto Haas describe la potencia de la imagen sonora que percibimos cuando sólo utilizamos una pareja de cajas acústicas (es decir, en estéreo). El nombre de este efecto utiliza el apellido del doctor Helmut Haas.

Pero, ¿qué tiene que ver el efecto Haas con un cine comercial? Imaginemos una pantalla de 15 m de base, donde detrás de ella están colocadas las dos cajas acústicas correspondientes al canal derecho e izquierdo (no hay, todavía, canal central). E imaginemos que estamos sentados a apenas 2 m de la pantalla, pero justo delante de la caja acústica izquierda. Cuando existe un diálogo de un personaje que en pantalla aparece en la parte derecha, el ingeniero de sonido ha decidido, acertadamente, panoramizar el sonido hacia esa misma dirección (es decir, hay más presencia de su diálogo en el canal derecho que en el izquierdo). El problema está en que, por nuestra situación como espectadores, recibiremos antes el audio del canal izquierdo que el del derecho (incluso que éste nos llegue algo más alto en volumen), y por lo tanto, nuestro cerebro entrará en una “auto-discusión”: visualmente colocará el sujeto a la derecha pero acústicamente a la izquierda. ¡Qué lío! ¿Recuerdan el concepto de fatiga acústica? Pues he aquí que aparece de nuevo.



LA SOLUCIÓN



Una solución no válida podría ser que, en diálogos “laterales”, el sonido procediera única y exclusivamente del lado correspondiente; pero si pensamos en el tamaño de las salas de cine de antaño (no en las mini-salas actuales a 10 euros la sesión), las diferencias de nivel harían imposible una correcta audición de los textos. De hecho, parte importante de las películas es conseguir unos diálogos totalmente inteligibles.

La solución correcta fue añadir un quinto canal más, el central, que colocado donde su nombre indica reproduciría únicamente los diálogos. La “descodificación” visual en nuestro cerebro ya se encargaría de colocar la voz al actor correspondiente. Se soluciona el problema de la errónea percepción y, además, se mejora notablemente el sonido en esas salas de cine: los diálogos no quedan “tapados” por músicas y otros efectos.



DEL CINE A CASA



Como hemos dicho antes, en casa nuestro objetivo es reproducir lo más fielmente posible un cine comercial. Por eso no nos extrañamos al utilizar las cinco cajas acústicas que corresponden a los cinco canales de audio discretos de las bandas sonoras. Pero la pregunta es: ¿Realmente es necesario? Es muy difícil, excepciones aparte, que en nuestro hogar tengamos pantallas de proyección de más de 5 m de base, incluso la mayoría utilizan como visualizador televisor de 36 a 50”. Si nos colocamos a la distancia correcta, normalmente nos situaremos a unos 5-10 m de las cajas frontales y central. Según el efecto Haas, si recibimos un mismo sonido en ambos oídos pero distanciados menos de 25 ó 35 ms, evitaremos percibir dos fuentes. Matemáticamente, este retardo difícilmente ocurriría en nuestro hogar, pues la distancia entre cajas y el punto de escucha es, relativamente, muy bajo. ¿Tiene sentido entonces el canal central?

Hay dos posibles respuestas y, curiosamente, ambas son válidas. Veamos por qué.

Si utilizamos un equipo perfectamente calibrado y ajustado, con una electrónica de ataque adecuada, un sistema de previo-procesador a la altura y unas cajas acústicas que presenten una perfecta tonalidad entre ellas y sean capaces de reproducir fielmente todos los sonidos, el canal central es totalmente innecesario. Si no ¿por qué tenemos una perfecta escena frontal en estéreo y en multicanal necesitamos del canal central? Hagan la prueba. Quienes crean que su sistema es más que convencional: desconecten el canal central (pero no lo escondan), coloquen a un amigo, a su pareja o quien sea en su sitio preferido y háganle escuchar una película (evidentemente, antes será necesario reajustar el sistema para la ausencia del canal central). Pregúntele cómo oye los diálogos, y cuando diga que “bien”, levántese y llévese de la sala el canal central. Pero, ¿no será que además se escucha todo algo mejor? Si el equipo es muy bueno y está bien calibrado, en 5.1 (es decir, con central conectado), un diálgo debe escucharse de manera coherente y tonalmente equilibrado incluso si se mueve de izquierda a derecha pasando por el central. El objetivo es que no se aprecien “tres” fuentes de audio, sino un sonido que se mueve de manera compacta y contundente. Pero al reproducirlo mediante tres cajas obtenemos tres fuentes sonoras a diferentes distancias del espectador.

De hecho, sólo en el punto de escucha podremos conseguir que este sonido en movimiento llegue en fase; mientras que un acompañante sentado ni que sea 1 m más lejos tendrá, sobre el papel, mayores problemas.

Otro problema es que el binomio “canal central” y “visualizador” impide poder colocar el canal central justo en el lugar adecuado: detrás de la pantalla (donde está la acción). Normalmente lo colocamos encima o debajo del televisor, lo que en espacios relativamente pequeños hace distinguible la diferencia entre la “boca” del actor y la “fuente” de su voz. Es más fácil conseguir una mejor focalización cuando los diálogos vienen de la pareja frontal, así se obtiene una mejor “colocación” vertical de la voz. Claro está que en un equipo bien ajustado y en la práctica se consiguen unos resultados magníficos.



UN CENTRAL NECESARIO



Hay muchas situaciones donde el canal central es totalmente necesario. Y es cuando el equipo es muy justo en calidad. La mayoría de sistemas basados en cajas satélites “necesitan” de un canal central, pero no para mejorar la focalización de las voces, sino para conseguir una reproducción del audio algo mejor. Pedirle a una caja acústica de este minúsculo tamaño que reproduzca la música, los efectos y los diálogos de manera correcta es algo casi imposible. Es entonces cuando el canal central permite reducir la “carga” a la pareja frontal y permitir una reproducción del sonido algo mejor.

También suele ser imperativo cuando hay mucha audiencia en un espacio pequeño. Por ejemplo, retrasados 3 m de la pantalla, un sofá de tres plazas lleno demanda una mejor focalización de los diálogos, ya que el punto de escucha ideal cuando no hay canal central es muy limitado.

El uso del canal central permitirá ampliar enormemente el área de escucha sin perder espacio lateral en la imagen sonora frontal, aunque con problemas de fase.

UNA ELECCIÓN DIFÍCIL

Amén de los sistemas completos, muchos fabricantes incluyen en sus catálogos cajas acústicas para central que concuerdan tonal e incluso visualmente a una misma serie de cajas completas. Esto nos facilita mucho la adquisición correcta del canal central, ya que no sólo le pediremos que suene y bien, sino que presente una concordancia perfecta, como mínimo, con las dos cajas frontales. El objetivo es que una voz que se mueva de derecha a izquierda (o viceversa) pasando por el canal central se aprecie como algo continuo, tanto en volumen como en tono.

Y créanme que esto no es tarea fácil.

 

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