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Principios y realidad de la TDT
Introducción y estado de la televisión digital terrestre en nuestro país. Texto: Ramon Sendra A finales del mes de mayo, la Unión Europea fijaba el 2012 como el último plazo para implantar la televisión digital en toda Europa. En nuestro país se han barajado diferentes años, y parece que la TDT (Televisión Digital Terrestre) será una realidad unos años antes. De momento, todas las cadenas de ámbito nacional, más dos nuevas (Veo TV y Net TV), junto con algunas autonómicas y ya algunas locales, emiten en TDT para gran parte de la población (aunque no territorio). Hace dos años, empresas y gobierno impulsaron una tímida campaña para que los usuarios dieran ya el salto “a lo digital”, pero la aceptación fue casi nula, en gran parte por el fiasco de Quiero TV (una plataforma de televisión digital ya desaparecida). El hecho es que la TDT en nuestro país no ha conseguido la popularidad ni siquiera el “respeto” que se merece, ya sea por un vago interés del Gobierno en potenciar esta plataforma, o por la mala gestión actual del espectro radioeléctrico digital. Muchas son las dudas de algunos de nuestros lectores respecto a las “maravillas” anunciadas de la TDT, sus ventajas, sus inconvenientes y su puesta a punto en casa. Veámoslas. Quien suscribe estas líneas está convencido de que la TDT debe ser un éxito. Y tiene que ser así porque como formato y estándar (está aceptado a nivel europeo) cumple de sobras con cualquier demanda técnica y cualitativa. Hasta ahora, y todavía hoy, el estándar de teledifusión PAL suma casi 50 años de vida, y todo aquél que disfrute en su casa de un televisor panorámico o de diagonal larga sabrá qué es ver la televisión en muy mala calidad. El PAL se diseñó para unos televisores hoy totalmente obsoletos, en 4:3 y nunca superiores a las 29”. Ante la necesidad de “crear” un nuevo estándar de teledifusión que permitiera a teledifusores y espectadores ganar más desde cualquier perspectiva, se agradeció la propuesta del DVB Group (Digital Video Broadcasting) que, con su formato, ofrecía una solución altamente versátil, robusta e incluso magnífica. El estándar, llamado DVB, ofrece numerosas aplicaciones: permitir la transmisión de vídeo vía cable, satélite o terrestre; diferentes grados de calidad de vídeo en función del ancho de banda disponible; audio estéreo sin comprimir o multicanal comprimido; aplicaciones interactivas; posibilidad de compras electrónicas, etc. Para la televisión digital terrestre, y a nivel europeo, se adoptó el DVB-T, significando la T “terrestrial”, es decir, terrestre. UN ESTÁNDAR CONOCIDO El DVB-T se basa en el MPEG, el mismo compresor de vídeo que utiliza el DVD-Video. Su arquitectura abierta le permite adoptar varias configuraciones en función de muchísimos parámetros, lo que ofrece al teledifusor gestionar con eficacia su “canal” de emisión. Esto es agradable en cuanto que un canal de vídeo en analógico, emitido a través de las ondas terrestres en PAL y sonido estéreo NICAM, ocupa un ancho de banda de aproximadamente 5,5 MHz. Este mismo canal, con las mismas características en audio y vídeo pero bajo el estándar DVB-T puede ocupar mucho menos de la mitad. Así, el teledifusor puede optar entre varias opciones: aumentar considerablemente la calidad de vídeo y audio de su producto, hasta el límite que le marca el ancho de banda de transmisión (y en este caso, podría emitir tranquilamente imágenes en alta definición, 16:9 y con sonido Dolby Digital multicanal); o emitir un segundo canal totalmente independiente con la misma calidad de audio y vídeo que si fuera PAL. En la realidad, podría hacerlo con hasta 3 ó 4 canales en calidad PAL en una única multiplexada (el canal “digital” que ocupa el antiguo espacio de un canal analógico), aunque, insistimos, seguiría emitiendo en una calidad algo “baja” para los nuevos televisores panorámicos y de gran diagonal. El MPEG es un formato de compresión de vídeo muy versátil. Permite conseguir relaciones de compresión muy altas si el contenido de vídeo es estático, y como consecuencia reducir el ancho de banda necesario en función del tipo de programa emitido. El teledifusor puede controlar las tasas de compresión de canales de su multiplexada y gestionar de manera eficiente la calidad exacta de cada uno de ellos. Por ejemplo, si quiere emitir una película en 16:9 y sonido digital necesitará un mayor ancho de banda, que podrá “robar” de uno de sus segundos canales. Para que éste no pierda “sensación” de calidad, puede programar, por ejemplo, una serie de dibujos animados o un debate, donde la señal de vídeo, al demandar menos datos de vídeo (los cielos de los dibujos animados suelen ser de 1 único color; en un debate no hay movimiento de personajes y escenarios), puede comprimirse mucho más y ocupar menos. Pero la TDT va mucho más allá, y el DVB Group ya ha presentado y probado diferentes opciones muy atractivas para los teledifusores: la interactividad. Mediante la plataforma MHP es posible acceder a “teletextos” de muy alta resolución, capaces de enviar datos al teledifusor (ya sea en modo unidireccional y bidireccional), lo que permite desde encuestas a tiempo real, participar en concursos desde el sofá de casa o la compra de productos en línea. ESPAÑA EN TDT Hace unos dos años el Gobierno y gran parte de los fabricantes impulsaron tímidamente la televisión digital. Unos habían conseguido que los canales de ámbito estatal ya emitieran en TDT, apareció Quiero TV y las abiertas Veo TV y Net TV. Algunas de las cadenas autonómicas también dieron el paso (destacando Televisió de Catalunya que, además, impulsó un canal en pruebas MHP). El gobierno ofreció muy pocos canales (o multiplexadas) para este acometido, lo que hizo (y todavía sigue así) que los canales que se reciben mediante la TDT no sean atractivos para nadie. Primero, porque la calidad de los programas dista bastante de lo que se puede conseguir con una buena recepción PAL, y segundo la calidad de imagen en TDT es ligeramente inferior, y la de audio sensiblemente peor. Sólo si quien compara la TDT con la señal PAL tiene una mala recepción analógica podrá aprovecharse de una de las ventajas de la TDT: la robustez de la señal. Un ejemplo claro está en la comarca del Maresme, en Catalunya. Por su situación geográfica, durante años han recibido mal las señales de televisión analógicas. Un proyecto de la Generalitat de Catalunya les permite ahora recibir correctamente los canales de televisión vía TDT. Algunos vecinos, por fin, pueden ver sin problemas algunos canales (como el K3, el segundo canal de Televisió de Catalunya, o Antena3 TV) que antes apenas recibían algunos “privilegiados”. En mi caso, la adición de un receptor de TDT no ha comportado nada más que poder “disfrutar” de las dos cadenas nuevas: Veo TV y Net TV. Ambas ofrecen una programación muy pobre, seguramente a la espera de poder rentabilizar una mayor inversión económica cuando el número de telespectadores sea cuantioso. Esto es un pez que se muerde la cola: es difícil que nadie apueste por la TDT si los contenidos son los mismos (o muy poco atractivos); y las teledifusoras no pueden apostar por una programación atractiva porque no hay suficientes telespectadores que amorticen una alta inversión publicitaria. No es de extrañar que a fecha de hoy ningún canal de televisión vía TDT ofrezca algo más que lo que se puede ver vía analógica. Sólo Televisió de Catalunya tiene un canal con mínimas aplicaciones en MHP, amén de algún que otro canal en pruebas, que se vuelven aburridas a los pocos días de uso (por su repetitividad). El momento crucial y definitivo será cuando el Gobierno reorganice el espectro radioeléctrico destinado a la teledifusión de la TDT y permita a los teledifusores controlar su propio canal “digital”. A partir de este momento sí podrá ser verdad que “la TDT tiene una calidad de vídeo semejante al DVD-Video”, pero no ahora que la calidad sólo es lo que es: una burda copia de lo analógico. También existe la esperanza de que algunas cadenas de televisión recojan el testigo de la verdadera calidad de A/V. Que por fin se atrevan a emitir en sonido digital multicanal y respetar el estándar y las posibilidades del formato para hacernos llegar una imagen más que correcta. Sin duda, esto sería bueno para todos: para el teledifusor, un signo de distinción que invita a una mejor cuota de pantalla y por tanto mejor beneficio económico; para el espectador, el poder entrar a un parque de televisores de mayor calidad sin necesidad de apoyarse únicamente en el DVD-Video; para los fabricantes, el empuje que hace tiempo esperan en un mercado que más que muerto está sólo estable. Ya es la segunda vez que lo decimos: paciencia, que falta menos. |
INSTALARSE LA TDT Todas las viviendas de nueva construcción (a partir, aproximadamente, de 1999) ya están preparadas para la TDT. El resto es posible que necesiten de un nuevo amplificador para los canales que no están cubiertos con los amplificadores actuales (una visita del técnico especializado es suficiente).
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